13 de enero de 2007

Mitos y parejas

Fotografía de JadeButterfly

Según cuenta Aristófanes en El Banquete de Platón (y recuerda Murakami en Kafka en la orilla), antes existían tres géneros de humanos: los hombres, las mujeres y los andróginos —mitad hombre mitad mujer. Los dioses, capitaneados por Júpiter, ante el temor de que la fuerza de estos humanos —de cuatro piernas, cuatro brazos, doble cabeza y dos aparatos reproductores— les permitiera escalar hasta el cielo y combatir por conquistarlo, determinaron que la mejor forma de evitarlo era partirlos en dos; desde entonces, cada uno de los mortales buscamos con ahínco la mitad que nos falta, intentamos durante toda nuestra vida la unión perfecta, la que encaja hasta el milímetro con nosotros y forma, de nuevo, ese ser mitológico de fuerza y habilidad sobrehumanas.

Ahora, lo llaman pareja.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No pensamos igual, ni vestimos igual, ni soñamos lo mismo, no compartimos los gustos musicales ni los de cine...y sin embargo, con casi cuatro décadas a la espalda y más de la mitad del camino ahuecando la almohada para compartir mis sueños, miro atrás y creo que Platón tenía razón y que encontré la fuerza y el trozo de alma que me faltaba, compenetrando nuetra piel y nuestra sonrisa en los objetivos de una vida que aún parece estar comenzando. Gracias por estar ahí, por existir y por buscarme.
P.D. Murakami fue una buena elección, Jesús, una buena recomendación, quizás?. Besitos

Manuel Aramis Miranda Perdomo dijo...

El apostol Pablo nos habla de que hombre y mujer se convierten EN UNO, cuando se casan... eso trato de hacer con mi vida conyugal... auqne es bastante dificil, jajajaja

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erotika dijo...

Después de asistir como lectora al banquete de Platón y escuchar las ideas y opiniones de pensadores tan sabios, empezó mi búsqueda de esa otra declarada mitad.
Busqué, creí encontrarla, perdí, lloré.
Y luego me di cuenta de que, aunque esa mitad hubiera existido en mi propia vida o en vidas pasadas, nada tiene que ver conmigo en estos momentos...
Porque yo no soy la misma que nació, ni que murió varias veces.
Un beso, bonito el relato.